Por Pilar Marcos, directora Diseño Interior
Juan Carlos Vega ha desarrollado una conexión única con Brasilia que ha marcado su trayectoria como fotógrafo. Combinando arquitectura y ballet, el autor interpreta la ciudad con un lenguaje visual donde el ser humano se presenta en movimiento y en interacción con el espacio. Desde una dimensión emocional de la arquitectura, el proyecto celebra el 65o aniversario de la capital con una exposición itinerante.

«“Para mí, Brasilia es un pentagrama, y los bailarines, las notas musicales que forman una geometría que suena a un futuro presente”
Fue André Malraux quien bautizó a Brasilia como Capital de la Esperanza, un modelo de ciudad utópica que representaba el sueño del renacimiento a un nuevo mundo de igualdad y justicia social, donde la arquitectura y el diseño procuraban belleza al servicio de todos. 65 años después de su fundación, ese objetivo solo se ha alcanzado muy parcialmente, pero la ciudad sigue representando el anhelo humano de la construcción de un mundo mejor. Tres maestros de la época, el urbanista Lúcio Costa, el arquitecto Oscar Niemeyer y el artista Roberto Burle Max, que se encargó del paisajismo, materializaron el sueño del presidente Juscelino Kubitschek, que al menos sí cumplió otro de sus objetivos, repoblar y dotar de recursos al interior del país. Hoy, con casi 2,5 millones de habitantes, la ciudad que comenzó como un sueño profético y se convirtió en la mayor proeza urbanística del Siglo XX, sigue siendo la capital política y económica de Brasil, además de una gran inspiración para artistas de todo el mundo y todas las disciplinas.
Para Juan Carlos Vega relacionar las tres disciplinas –fotografía, arquitectura y danza– es algo completamente natural: “Llevo muchísimos años trabajando con arquitectura, pero en realidad mi pasión es la danza. Hace años llevé a cabo proyectos editoriales dedicados al ballet como director artístico, fotografiaba y entrevistaba a personajescomo Nacho Duato, Lucia Lacarra, Tamara Rojo, y así un sinfín de grandes nombres. El ballet renovó mi amor al arte. Si algo tengo claro es que yo estoy en la fotografía por la historia, y el arte es la imagen que nos ha quedado de los diferentes periodos que han ocurrido en el tiempo. Para mí, el ballet es el arte del cuerpo humano, una disciplina carente de ego, y eso me interesa mucho. El bailarín forma arquitecturas efímeras y la suma hace que se creen espacios oníricos subjetivos. En un primer momento el diálogo entre las dos disciplinas era en primera persona, pero este desarrollo me ha llevado a un de espacio, sujeto y geometría es el lenguaje que he creado como medio de expresión y en este proyecto sobre Brasilia lo he desarrollado mucho más”. Brasília 65, Visoes em um Sonho Geométrico se centra precisamente en la “visión geométrica”, un concepto innovador donde los bailarines y el entorno se fusionan con una gran pureza estructural. “Nos basamos en que el espacio y el sujeto se combinen en una geometría pura, pero que a la vez sea una oda al contexto y no una imposición. No hay ego, hay un ser, que es un arte, y un espacio, que también lo es».

“Mi relación con Brasil más que un idilio es como una residencia artística»
La muestra, que cuenta con el respaldo institucional en España de La Embajada de Brasil y el Instituto Guimãraes Rosa, y en Brasil, de la Embajada de España, del Instituto Cervantes y del Senado Federal, celebra el 65o aniversario de la fundación de la ciudad y quiere ser un homenaje a los artistas que la hicieron posible a través de las pasiones del fotógrafo: la danza y la geometría. “Mi relación con Brasil más que un idilio es como una residencia artística”, nos explica durante el recorrido porcla muestra. “Comenzó en enero de 2021, cuando la visité por primera vez. En los dos años sucesivos fui cinco veces y me quedé un mes cada una. Mi último viaje, el noveno, ha sido en marzo de este año, pero solo veo el momento de volver”. “En 2021 estaba en un momento particularmente duro de mi vida porque acababa de perder a mi mejor amiga, mi inspiración cuando empecé en la fotografía, y Brasilia supuso una ayuda psicológica que me permitió escapar de aquel dolor. Fue como si Dios se llevara a una musa pero me regalara otra. Tuve la suerte de poder trabajar con el grupo de bailarinos de la ciudad y a través de ellos pude combinar la relación de sujeto y espacio, aunque la manera de interpretarla ha ido cambiado a lo largo del tiempo: al principio era un diálogo en primera persona con el espacio, y hoy, el sujeto es parte del espacio”.

“Llevo muchísimos años trabajando con arquitectura, pero en realidad mi pasión es la danza.»
Para Juan Carlos Vega relacionar las tres disciplinas –fotografía, arquitectura y danza– es algo completamente natural: “Llevo muchísimos años trabajando con arquitectura, pero en realidad mi pasión es la danza. Hace años llevé a cabo proyectos editoriales dedicados al ballet como director artístico, fotografiaba y entrevistaba a personajescomo Nacho Duato, Lucia Lacarra, Tamara Rojo, y así un sinfín de grandes nombres. El ballet renovó mi amor al arte. Si algo tengo claro es que yo estoy en la fotografía por la historia, y el arte es la imagen que nos ha quedado de los diferentes periodos que han ocurrido en el tiempo. Para mí, el ballet es el arte del cuerpo humano, una disciplina carente de ego, y eso me interesa mucho. El bailarín forma arquitecturas efímeras y la suma hace que se creen espacios oníricos subjetivos. En un primer momento el diálogo entre las dos disciplinas era en primera persona, pero este desarrollo me ha llevado a un de espacio, sujeto y geometría es el lenguaje que he creado como medio de expresión y en este proyecto sobre Brasilia lo he desarrollado mucho más”. Brasília 65, Visoes em um Sonho Geométrico se centra precisamente en la “visión geométrica”, un concepto innovador donde los bailarines y el entorno se fusionan con una gran pureza estructural. “Nos basamos en que el espacio y el sujeto se combinen en una geometría pura, pero que a la vez sea una oda al contexto y no una imposición. No hay ego, hay un ser, que es un arte, y un espacio, que también lo es».

“El banco y negro es desde siempre mi lenguaje personal en la fotografía, porque confiere un aire atemporal a las imágenes.»
La elección del blanco y negro es clave en la definición del estilo autorial que el fotógrafo ha alimentado desde sus inicios. “El banco y negro es desde siempre mi lenguaje personal en la fotografía, porque confiere un aire atemporal a las imágenes. Las fotos de la catedral de Brasilia –que en la exposición se muestran viniladas en los ventanales de la Fundación Pons– eran necesarias en color para ver la riqueza cromática de los vitrales de Marianne Peretti, y desde que las tomé siempre estuvo en mi imaginario que tenía que conseguir el efecto que me producía entrar en la catedral, por ello las he expuesto en cajas de luz. También son en color los árboles de Brasilia y el edificio de Watanabe”. En esta serie, que Vega bautizó como ‘Brutalismo verde’, la protagonista es la ‘arquitectura’ de la naturaleza brasileña y los bailarines, que no siempre están presentes, se convierten en elementos accesorios para dar escala y humanidad a cada toma. A ella de color rosa simbolizan la lucha contra el cáncer, y con la que pretende rendirhomenaje a todas las mujeres que se enfrentan a la enfermedad. Otras forman parte de un proyecto extraordinario que el fotógrafo inició también hace algunos años y que dota a las imágenes de tridimensionalidad para que puedan ser disfrutadas por personas con discapacidad visual. “Esta muestra ya tiene un largo histórico en Brasilia, explica. Con motivo de la Capitalidad Iberoamericana de la Cultura, en 2022 expusimos en el Instituto Cervantes, en la Casa de Cha, en la Plaza de los Poderes, y terminó en la Casa Thomas Jefferson. Pero la idea de prospección, de avanzar en mi trabajo, siempre está ahí, y por eso decidí adentrarme en el relieve”. Un efectoque se logra en algunas obras solo con la impresión, y en otras, el 3D es para conseguir la geometría de las imágenes una vez impresas. “Mostramos el resultado por primera vez en la exposición que cerraba el segundo centenario de la fundación del Senado Federal de Brasil, que coincidía con la celebración del 200 aniversario de la Fotografía, en 2024. Me pareció muy interesante explorar la posibilidad de mejorar la accesibilidad de personas ciegas o con dificultad visual a la fotografía en el año que se conmemoraba su nacimiento”. El nombre de la exposición, Brasília 65, Visoes em um Sonho Geométrico, además de homenajear la fundación de la ciudad evoca a otro de los referentes del pertenecen algunas fotografías particularmente importantes para el autor, como Ipê, oda a la mujer, dedicada a su María Álvarez amiga y musa fallecida, un árbol que simula las ramificaciones del pecho y cuyas flores fotógrafo asturiano, Don Bosco, que soñó en el siglo XIX con el nacimiento de una nueva civilización. Para Vega, Brasilia, la utopía que consiguió Kubitschek con la colaboración de artistas como Niemeyer, Athos Bulcão, Burle Marx o Marlene Petti, representa también la materialización del sueño del santo. Según reconoce, su fin último es que la gente se anime a visitar una ciudad que es “museo de la mejor arquitectura mundial», y dejarse conquistar por su encanto. “Quiero crear la necesidad de tener que ir a conocerla”, afirma rotundo. La disposición de la exposición que llega a la Fundación Pons se basa en el plano piloto de Lucio Costa para el urbanismo de la ciudad, con su característica forma de avión, Patrimonio de la UNESCO, donde el fuselaje es la Avenida de los Monumentos (edificios gubernamentales, sociales y culturales) y las alas, las hileras de residencias donde los edificios se disponen sobre pilares creando la comunión con la naturaleza que hace única está ciudad. La muestra la componen un total de 47 fotografías de diferentes formatos, correlativos a los espacios donde se exponen y a los ejes que forman Brasilia, todas ellas en serie limitada de 5 copias, incluida la de artista. En la planta baja de la Fundación se sitúa la parte ‘monumental’ de la ciudad, los ministerios, los museos, el mausoleo de Kubischeck, y en la superior, la vida, donde el autor juega con la naturaleza que se cuela entre los edificios residenciales.
La exposición se completa con dos butacas cuya tapicería reproduce una de las obras más emblemáticas, Teatro Nacional. Se trata de una colaboración del artista con la marca de mobiliario Alexandra, que ha transformado su silla Ibiza en la silla Brasilia. “Igual que he trabajado en este proyecto la accesibilidad y la geometría expositiva me parecía apropiado llevar mi trabajo al mobiliario, y con esta colaboración hemos conseguido recuperar las formas de las sillas modernistas que se creaban en Brasilia en los años 60 y 70 en un diseño completamente actual y que es del todo adecuado para esta muestra”. —PMA
Por Pilar Marcos